Nadie sabe cómo ni cuándo se terminará todo esto. Quizás nunca
llegue a empezar. Yo me conformo con que me quieras 5 minutos. ¿Estamos
cerca del final o dónde todo empieza? Quizás todo esto no tenga
sentido, quizás estemos condenados a querernos a escondidas, a ocultar
las palabras. Palabras prohibidas. Quizás estemos entrando en un
laberinto de dudas, amor, celos, dolor y más amo.
Pero es que cada vez
que te miro me pellizcas el corazón, cariño. Si, tú, que llegaste por
casualidad, que me ganaste poquito a poco, que me dices lo que necesito
oír en un susurro: Te quiero. Porque solo si lo dices bajito lo oiré
por dentro, y me lo dices con cariño, ternura, amor: Te quiero. Como
palabras arrastradas por un viento, ese viento de los días más fríos de
invierno que recorre tu cuerpo con un escalofrío.
Cuando vuelvas vas a saber cuánto te he echado de
menos. Aún guardo ese último suspiro tuyo, tu fragancia, tus ganas de
vivir, tu sonrisa, tu maravillosa sonrisa. Ah, y ese hoyuelo que se te
forma en la mejilla cada vez que sonríes, cada vez que sonríes de
verdad. Ése que yo he visto... Y ¡ésto no puede haber acabado, porque aún
no ha comenzado, no dejaré que muera este sentimiento! ¿Acaso no
piensas, cuando estás solo, en todo lo que podríamos ser? ¿Te das
cuenta? Teníamos la oportunidad de hacerlo bien, empezar de cero,
juntos, algo mejor, y lo estamos dejando ir… Lo dejamos ir. Yo no te
prometo nada, pero te querré. Por encima de cualquier cosa, te cuidaré.
Y no peleemos, amor, que me pierdo en todas nuestras batallas. Y no,
no me digas que nunca estaremos juntos que te llevo esperando 3
primaveras, si contamos, una vida entera.
Que yo ahora siento que no quise besarte,
es algo complicado y estúpido… pero dicen que no se puede echar de
menos algo que nunca se ha tenido. ¿Realmente nunca nos hemos
pertenecido? Porque tu ausencia me ha dejado un vacío, me estás
rompiendo el corazón, me lo rompes en cachitos pequeños, muy pequeños,
lo desgarras con tu indiferencia... Lo dejamos ir… Lo estás dejando ir.
Pero, dejate llevar que yo conduzco. Yo te guío hacia un lugar
donde lo amargo sabe dulce, donde los besos son obligatorios, donde las
sonrisas se regalan y donde uno se puede emborrachar de felicidad, o
aún mejor, de amor. Y cuando por fin te des cuenta de que esto merece
la pena andaremos, correremos y volaremos hacia un sentimiento que
algunos todavía llaman amor.
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