viernes, 29 de junio de 2012

Remordimiento.

Si las huellas dactilares le dan unicidad a nuestro cuerpo, entonces las miradas son las encargadas de representar el alma de las personas. Ellas funcionan como vía directa y sin escalas, a la esencia de cada uno; nunca dicen lo que deben decir, siempre dicen lo único que pueden decir, que es, ni más ni menos, que la verdad del corazón.
En la mirada se imprime lo más personal de cada uno, con reflejos o matices que funcionan como letras y sílabas del lenguaje del alma. Son representaciones pictóricas impresionistas de un todo abstracto, invisible y que alberga tanta magia como misterio. No por nada se las considera ventanas a nuestro espíritu, mirillas por donde uno puede espiar los sentimientos de las personas. En ellas se hace corpóreo lo intangible, cuando se cristalizan; cuando una alegría o una tristeza es tan grande que nuestra alma explota dentro de nosotros, y la fuerza es irresistible para nuestro cuerpo, entonces comienza a derretirse nuestra mirada en forma de llanto.
Las miradas fascinan por su encanto, por su transparencia, por su poder de enamorar en segundos, de cautivar en milésimas, y de pedir perdón en un tiempo que los relojes aún no pueden medir.
Cuando alguien te mira fuertemente, ¿qué haces?. Seguramente esquivas su mirada tratando de observar otra cosa, siendole indiferente, porque sabes que su mirada te derrite y que cuando tu lo mires le vas a decir que te mueres por el.

No hay comentarios:

Publicar un comentario